Después de la vertiginosa revisión y compendio temático de su carrera que significó "Burn after reading" (2008), los hermanos Coen logran desconcertar de nueva cuenta al respetable con su más reciente trabajo: "A serious man". Aparentemente nada más alejado de sus delirantes comedias negras con fino toque surrealista que este filme, en el que no hay tramas enredadas, ni psicópatas de lento entendimiento, mucho menos confusión por alfombras equivocadas, sino simple y llanamente un hombre que -literalmente- no ha hecho nada.
Tras un intrigante inicio en el que se narra una perturbadora parábola hebrea que versa sobre la ambigüedad de los actos "correctos", la acción se desplaza a unos idílicos años 60's para presentar la historia de Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg), un hombre común y corriente, judío de clase media, buen vecino, buen hermano, buen esposo y buen padre, cuya única preocupación es obtener la plaza fija de profesor de matemáticas en el colegio donde trabaja. Técnicamente, a una persona buena no deberían sucederle cosas malas; sin embargo, la vida de Larry se sale repentinamente de balance cuando uno de sus alumnos -al que ha reprobado- intenta extorsionarlo para conseguir una calificación aprobatoria. Larry rechaza el soborno, pero esta acción parece ser el detonante para que los problemas, uno tras otro, caigan -cual Job contemporáneo-, sobre nuestro pobre protagonista. Así, en un abrir y cerrar de ojos, Larry deberá enfrentar una amenaza de demanda por parte del padre del alumno reprobado, las contínuas detenciones que sufre su hermano Arthur -un bueno para nada que vive a expensas de Larry, se pasa horas en el baño, es adicto a los juegos de azar, y está desarrollando un sistema cabalístico para ganar siempre-; además de que Judith, su mujer, le confiesa que está enamorada de Sy Ableman -un vecino que no solo está a punto de dejar a Larry sin esposa, sino que también empieza a tomar decisiones por él-. A esto hay que agregar que se acerca el bar mitzvá de Danny, el hijo de Larry, quien fuma marihuana y le debe veinte dólares al dealer infantil local que, para colmo de males, vive tres casas más allá y ha amenazado con triturar los huesos de Danny apenas le ponga las manos encima. Para rematar, están los crecientes problemas económicos y la turbación que siente Larry ante la inquietante presencia de una atractiva vecina que gusta de asolearse desnuda...
Así, con el caos personificado dentro de su casa, en el vecindario y en el trabajo, Larry ve desmoronarse su vida mientras intenta tomar una posición justa y hacer "lo correcto", cuestionándose sobre si todos sus problemas son producto de la falta de un carácter fuerte, o se deben a su reticencia a una moral maleable, o porque simple y sencillamente esta es una prueba demasiado dura que Dios le ha impuesto como parte de un inexplicable designio. Confundido sobremanera, Larry acude, no a uno, ni a dos, sino a tres rabinos en busca de una solución a sus problemas, pero las inescrutablemente sabias palabras de tan eruditos hombres solamente consiguen confundirlo aún más.
Estructurada episódicamente y como una proyección macrocósmica de la parábola con que inicia, "A serious man" es una película que explora las neurosis de la cultura judía en una vena similar a los irreverentes estudios realizados por Woody Allen en filmes como "Annie Hall" (1977), "Manhattan" (1979), o "Husbands and wives" (1992). La correcta fotografía de Roger Deakins y la discreta música de Carter Burwell -ambos colaboradores habituales de los hermanos Coen-, logran que se mantenga una coherencia estilística, si bien no temática, con el resto de su obra, como sucede con "Intolerable cruelty" (2003). A su vez, el enigmático y desconcertante final deviene inconfundible firma personal en el que quizá sea el más atípico trabajo de estos cineastas.