Título Seleccionado
Cello capriccioso
Varios
2009-12-21

Una de las alineaciones más afortunadas dentro de la música "clásica" es la formada por el violoncello y el piano. Aparte los delirios auditivos de los compositores contemporáneos, a lo largo de los últimos cuatro siglos las piezas escritas para esta combinación han demostrado que acompañar al tranquilo y apasionado sonido del cello con la polifacética paleta sonora del piano es un verdadero acierto.

En el disco "Cello capriccioso" se hace un excelente recuento de obras escritas bajo esta premisa, producto de la creatividad de verdaderos maestros en el arte musical: iniciando con Pietro Locatelli (1695-1764), destacado compositor italiano cuyo talento en la composición de piezas para violín le ha colocado al lado de Tartini y Paganini, con obras de una complejidad que pone a prueba al más pintado intérprete. En este disco se incluye su Sonata en Re mayor, única obra que Locatelli escribió para cello, y en la que hace todo un recorrido por las posibilidades expresivas del instrumento.

De Frédéric Chopin (1810-1849), trágico compositor cuya frágil vida representa lo que es el romanticismo en toda la extensión de la palabra, se incluye la Polonesa Brillante, op.3, vigorosa pieza para cello y piano compuesta cuando la sombra de la tragedia aún no se cernía sobre su existencia.

Le sigue en el álbum una deliciosa interpretación del elegante "Pezzo Capriccioso", compuesto por Piotr Ilych Tchaikovsky (1840-1893), uno de los grandes exponentes de la música rusa del siglo XIX. Esta discreta pieza nos muestra a un Tchaikovsky intimista bastante alejado de los estruendos bélicos de su "Obertura 1812" o de la pasión extrema de, digamos, su "Romeo y Julieta" o su "Sexta Sinfonía".

Cambiando radicalmente de país, la selección nos transporta a pleno nacionalismo español con las figuras de Manuel de Falla (1876-146) y Gaspar Cassadó (1897-1966). El primero es, tal vez, la gran figura de la música seria de la España del siglo XX, y en este disco se incluye una muy acertada transcripción para cello y piano de la "Danza española", originalmente interludio sinfónico de la ópera "La vida breve" y una de las obras más interpretadas del maestro de Falla. Cassadó, por su parte, menos conocido pero no por ello menos importante, dedicó gran parte de su creación artística a explorar las posibilidades sonoras del violoncello. Muestra de ello son las tres pequeñas piezas presentadas en este álbum: "La danza del diablo verde", "Requiebros" y una breve "Serenata", obritas que, además, son pocas veces grabadas.

Y ya entrados en rarezas, el disco incluye la curiosa "Danza de los elfos", pieza poco conocida del aún menos conocido David Popper (1843-1913), prolífico compositor austríaco que también se especializó en el cello, creando obras como un "Requiem para tres cellos y orquesta" y cuarenta estudios didácticos para aspirantes a cellistas.

Camille Saint-Saëns (1835-1921), gran vanguardista francés, se encuentra presente con una de sus piezas más conocidas e interpretadas por todo mundo en cualquier tipo de orquestación hasta decir basta: "El cisne", hermosa pieza de aliento poético que forma parte de su extravagante "Carnaval de los animales".

Finalmente, no podía faltar la siempre interesante obra de Antonín Dvořák (1841-1904), maestro del nacionalismo checo y cuyas obras -la que sea- no puede faltar en el repertorio de cualquier orquesta que se precie. Sabiendo que su "Concierto para violoncello op.104" es, en opinión de muchos, el más bello compuesto jamás para dicho instrumento, al escuchar la melancólica "Restful woods", pieza con que cierra este disco, se reconoce que bien puede ser cierto, ya que la inusitada dulzura con que el compositor trata al cello y al piano en esta obra muy pocas veces se podrá escuchar en otros autores.

Por su parte, las credenciales de los intérpretes de esta grabación no demeritan en nada. Si bien no se trata de Pablo Casals, el cellista Dmitri Atapine posee una elegancia interpretativa como pocos y, a pesar de que su fuerte es la música contemporánea, no sale mal parado dando cuenta de compositores de vena más "clásica". Por su parte, la pianista coreana Hye-Yeon Park da cuenta del piano con singular apasionamiento y limpieza interpretativa, siendo su especialidad precisamente la música de cámara. Y si bien seguramente el melómano es ya feliz poseedor de algunas de las obras aquí presentadas en mejores versiones o en grabaciones "históricas", el hecho es que este disco es una verdadera delicia para cualquier escucha, además de cimentar gran parte de su valía en las "rarezas" que pocos intérpretes se arriesgan a grabar.

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