Una niña se siente atravesada por el amor a los animales. Llamada. Quiere convivir con uno. Quiere un animal doméstico para amarlo. Sus padres no se lo van a permitir. Ese deseo, tan enorme como prohibido y frustrado, va a marcar su vida: una progresión que la lleva a querer ser una niña buena, una mujer obediente.
Recibe la educación sentimental que se nos dispensa a las mujeres: una domesticación masiva. La narradora hace de su deseo frustrado un cauce para explorar la vida misma y sus posibilidades. Investiga. Interroga: la relación con el mundo animal se despliega mediante una serie de entrevistas. Para entender la naturaleza humana —la suya— va al zoológico. Para explorar el sentido de existir —el suyo—, a la línea de montaje cruel del matadero. Para bucear en la idea de libertad —la suya— habla con un domador de circo.
Las entrevistas se tejen con el relato biográfico. Lo animal y lo humano se reflejan, se emparejan, se muerden, se funden, se confunden. ¿Y el amor? ¿Qué es el amor? ¿Y la libertad? ¿Qué es la libertad? La narradora ensaya respuestas. Las vive.GABRIELA CABEZÓN CÁMARA
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